Frases Célebres de Confucio: Inspiración y Sabiduría

Las frases célebres de Confucio han perdurado a lo largo de los siglos, convirtiéndose en fuentes inagotables de sabiduría e inspiración. Confucio, filósofo y pensador chino, dejó un legado invaluable a través de sus enseñanzas y reflexiones que siguen impactando en la humanidad hasta el día de hoy.

Índice de contenidos
  1. Frases Célebres de Confucio

Frases Célebres de Confucio

  • Elige un trabajo que ames, y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida.
  • Dondequiera que vayas, ve siempre con todo tu corazón.
  • El hombre superior atribuye la culpa a sí mismo; el hombre común, a los demás.
  • La vida es realmente simple, pero insistimos en hacerla complicada.
  • Elige a un trabajo que te guste, y nunca tendrás que trabajar ni un día de tu vida.
  • La sabiduría, la compasión y la moderación son las tres cosas que aseguran la vida humana; si una de ellas falta, está el peligro."
  • El camino es largo, pero la meta está en tu corazón.
  • Aprender sin reflexionar es malgastar la energía.
  • Si gobiernas a un pueblo con justicia, el pueblo será justo.
  • No te preocupes por los demás, preocúpate por ti mismo.
  • El que estudia pero no piensa, está perdido.
  • El hombre de bien es exigente consigo mismo; el hombre pequeño es exigente con los demás.
  • Las palabras son la voz del corazón.
  • El hombre sabio no dice lo que sabe y el hombre necio no sabe lo que dice.
  • Si ves lo bueno, examina tu propio corazón. Si ves lo malo, examina tu propio corazón.
  • El sabio nunca dice lo que piensa y siempre piensa lo que dice.
  • El que comete una injusticia es siempre más desgraciado que el que la padece.
  • Cuando veas a un hombre bueno, trata de imitarlo; cuando veas a un hombre malo, examínate a ti mismo.
  • La verdadera virtud no admite ostentación; somos nosotros los que practicamos las virtudes lo que, a nuestra vez, llegamos a ser virtuosos.
  • El hombre de bien no tiene contentamiento en saber nada malo de nadie.
  • Si atacas a un hombre de corazón noble, él te perdonará; pero si atacas a un hombre ruin, se vengará sin piedad.
  • No se puede abrir una galleta sin deshacer el envoltorio, ni hacer que el hombre común alcance la virtud sin instrucción cuidadosa.
  • El hombre superior es modesto en su discurso, pero sobresale en sus acciones.
  • El sabio no se sienta para lamentarse, sino que se pone alegremente a su tarea de reparar el daño hecho.
  • El hombre superior es inflexible pero no obstinado, objeto de respeto pero no temor.
  • El hombre de bien no encuentra obstáculos en su camino; cuanto más fue difícil su empresa, mas la encontró digna de ser hecha.
  • El hombre superior es afable pero no débil; el hombre vulgar es afable a la vez que débil.
  • El sabio no dice nunca todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice.
  • El hombre superior piensa siempre en la virtud; el hombre vulgar piensa sólo en la comodidad.
  • El hombre superior piensa siempre en la virtud; el hombre vulgar piensa sólo en la comodidad.
  • El hombre ilustre es recto, no arrogante; bondadoso, no débil.
  • El hombre ilustre no piensa en el futuro; en el presente resuelve los errores pasados.
  • El hombre de bien es feliz pero no orgulloso.
  • El hombre ilustre piensa en la justicia; el vulgar, en el provecho personal.
  • El que llega a la cima no debe olvidar nunca que subió a hombros de los demás.
  • El hombre de bien está primero en el conocimiento, segundo en la resistencia, y tercero en la benevolencia.
  • El hombre vulgar está primero en la benevolencia, segundo en la resistencia, y tercero en el conocimiento.
  • El hombre vulgar pone precio a las amorosas palabras; el hombre superior estima los buenos efectos.
  • El hombre superior actúa antes de hablar, y habla de acuerdo a sus acciones.
  • El hombre de bien no miente ni se desdice sin embargo, el hombre ruin miente pero no se desdice.
  • El hombre superior tiene siempre el bienestar general en cuenta; el hombre común, su propio beneficio.
  • El hombre superior piensa justo pero actúa modesto, el hombre común piensa en su beneficio y sólo actúa con temeridad.
  • El hombre sabio no se aflige por los que no le agradecen; se aflige por no agradecer a otros.
  • El hombre de bien es lento para hablar, pero rápido para actuar.
  • El hombre sabio nunca se enfada ni se apasiona.
  • El hombre vulgar se irrita sin que nadie le toque y sin ningún motivo.
  • El hombre superior nunca se impacienta, el hombre común está siempre inquieto.
  • El hombre de bien no mendiga favores, ni los presta vanamente.
  • El hombre sabio es sobrio en sus comidas, moderado en su hablar y diligente en su deberes.
  • El hombre vulgar se da a la gula, descuida su deber y habla por hablar.
  • El hombre de bien odia la indecencia, el hombre inferior ama la vergüenza.
  • El hombre de bien no se somete a tiranía, pero el hombre inferior busca en ella su beneficio.
  • El hombre sabio se diferencia del vulgar en que aprecia la rectitud y en que, oprimido equivocadamente, no se resiente. El hombre vulgar se diferencia del sabio en que no aprecia la rectitud y en que, oprimido equivocadamente, se resiente.
  • El hombre superior no tiene favores que esperar ni impone condiciones; por eso no hace cosas vergonzosas. El hombre vulgar espera favores; por eso hace cosas vergonzosas.
  • El hombre superior no persigue vanas cosas; no se somete a la servidumbre; no se somete a bajeza. El hombre vulgar persigue vanas cosas; se somete a la servidumbre; se somete a la bajeza.
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Una Fuente Eterna de Sabiduría

Las frases célebres de Confucio no solo nos brindan una visión profunda de la vida, sino que también nos instan a reflexionar sobre nuestras actitudes, valores y propósito. Las enseñanzas de Confucio sobre la importancia de la virtud, la rectitud y el autoconocimiento continúan sirviendo como guía para la humanidad, recordándonos la eterna búsqueda de la sabiduría y la excelencia moral.

En medio de la agitación de la vida diaria, las palabras de Confucio nos invitan a detenernos, a contemplar y a buscar la verdad, la armonía y la bondad en nuestros corazones. Como afirmó Confucio, "Elige un trabajo que ames, y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida", una frase que resuena profundamente en la importancia de encontrar satisfacción y propósito en lo que hacemos. Que estas frases continúen iluminando nuestro camino y orientando nuestras acciones, recordándonos que la sabiduría atemporal sigue siendo relevante en el mundo moderno.

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